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¿Cuál es el origen de estas 10 expresiones populares?

Cuando alguien está absorto en algo, se dice que «está en Babia». Cuando es poco disimulado sobre una intención oculta, se dice que «se le ve el plumero» y, cuando es un vago, «no da un palo al agua«. La lengua española tiene multitud de expresiones populares que sirven para casi cualquier situación… ¿conoces su origen? Aquí algunas de ellas.

 ESTAR EN BABIA

Babia es una bonita localidad de León, ¿por qué usar su nombre para situar a alguien allí si este está distraído? El motivo tiene que ver con la realeza. Según explican desde el propio municipio, unos reyes de León acostumbraban a pasar largas temporadas en Babia de caza, pesca y, en esencia, alejados de las intrigas de la Corte.

Se dice que cuando los reyes volvían a palacio y no querían ser molestados, sus sirvientes tenían orden de poner como excusa que los monarcas estaban ausentes porque… «estaban en Babia».

SE TE VE EL PLUMERO

Decimos que a alguien se le ve el plumero cuando notamos sus intenciones o su tendencia política. Precisamente su origen tiene que ver con la política; concretamente, con los liberales posteriores a 1812. Tras la Constitución de Cádiz, quedó instituida la Milicia Nacional, que defendía ideas progresistas. Los milicianos llevaban un gorro con un penacho de plumas que les hacía visibles desde la lejanía.

Fue la prensa del siglo XIX la que comenzó a decir que a los políticos de esta misma tendencia «se les veía el plumero», en referencia al mencionado penacho de plumas. Poco a poco, la expresión fue derivando hasta tomar el significado actual.

A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES

«A buenas horas, mangas verdes» es la expresión que utilizamos cuando la solución a un problema llega cuando éste ya está resuelto o, directamente, cuando ya se ha zanjado que no se puede solventar. Tiene, pues, sentido de llegar tarde.

El origen está en la Santa Hermandad, una especie de cuerpo de policía que existió entre los siglos XV y XIX en España. Su vestimenta se componía de un chaleco de cuero que dejaba ver una camisa de color verde. Por ello, también se les conocía como los ‘mangas verdes’.

Aunque en un principio este cuerpo de defensa era muy efectivo, con el tiempo se dice que comenzaron a ‘perder cualidades’, pues era muy frecuente que llegaran tarde a los sitios en los que eran necesitados. Es por ello que comenzó a decírseles la frase «a buenas horas, mangas verdes» cuando hacían aparición y la situación ya se había solucionado.

NO DAR UN PALO AL AGUA

Cuando alguien «no da un palo al agua» es que, en resumen, es un vago que no trabaja. Esta expresión viene del mundo marinero; en concreto, de las barcas de remos (palos que se meten en el agua para que la embarcación avance).

Aquellos marineros que, en dicha barca, no trabajaban, literalmente no estaban dando con el palo (el remo) en el agua. Por lo que comenzó a usarse esta expresión para indicar que no estaban colaborando con el resto de remeros para desplazar el bote.

DEJAR EN LA ESTACADA

Si alguien abandona (literalmente o no) a otro, se dice que lo ha dejado en la estacada. Según explican en la Fundación de la Lengua Española, una ‘estacada’ era un «palenque o liza, formado ordinariamente con estacas, en que se celebraban los desafíos, torneos y justas».

Salió de aquí la expresión para decir, de forma figurativa, que alguien abandonaba a otro ante un grave riesgo o un asunto peligroso.

A LA OCASIÓN LA PINTAN CALVA

Las ocasiones sólo pasan una vez y, si se pierden, es difícil alcanzarlas. Esta es la idea que se transmite con la expresión ‘a la ocasión la pintan calva’. El origen lo explica José Mª. Iribarren en su libro ‘El porqué de los dichos‘ (1996): procede de una antigua diosa romana llamada Ocasión.

Esta diosa era representada como una mujer hermosa sobre una rueda y con alas en la espalda o los pies como indicativo de que las oportunidades pasan rápidamente. Lo más característico de la diosa Ocasión era su cabeza: por delante tenía abundante pelo, pero era calva por detrás. Esto venía a significar la imposibilidad de coger por los pelos a las ocasiones una vez que han pasado de largo, y lo fácil que es hacerlo si se las espera de frente.

PONERSE LAS BOTAS

Alguien «se pone las botas» cuando saca mucho provecho de algo o disfruta mucho de algún placer en concreto, sobre todo del de comer. ¿Cuál es la relación entonces entre una bota y el enriquecimiento?

El vínculo lo explica también Iribarren en su libro, indicando que las botas eran un distintivo de caballero que atesoraba riquezas, pues aquellos pobres eran los que llevaban zapatos.

IRSE POR LOS CERROS DE ÚBEDA

¿Conoces a alguien que fácilmente se va ‘por los cerros de Úbeda‘? No es que tenga especial afición por visitar esta zona de Jaén, sino que tiende a apartarse del asunto que trata cuando habla.

Según explican en la página de turismo de Úbeda y Baeza, el origen de esta expresión se remonta al siglo XIII, concretamente al año 1233, en plena reconquista. La historia sitúa en esta zona jienense al rey castellano Fernando III ‘el Santo’, quien mandó a uno de sus capitales, Álval Fáñer, a vigilar unos cerros cercanos a Úbeda.

En esta ‘expedición’ por dicha loma, cuenta la leyenda que el capitán se encontró a una bella ‘mora’ de la que se enamoró, por lo que no acabó la misión que el rey la había encomendado. Cuando, a la mañana siguiente, Fernando III le preguntó por su falta, éste respondió que se había perdido por los cerros de Úbeda.

QUIEN SE FUE A SEVILLA, PERDIÓ SU SILLA

Usamos la expresión o refrán ‘quien se fue a Sevilla, perdió su silla’ en aquellas ocasiones en las que alguien pierde algo o algún privilegio tras haberlo abandonado durante un periodo relativamente corto.

El Instituto Cervantes explica que esta frase está basada en un hecho histórico ocurrido durante el reinado de Enrique IV (1454-1474). En aquellos años, se concedió el Arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del que entonces era arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca.

Resulta que la ciudad gallega estaba «un poco revuelta», según esta explicación, por lo que el sobrino pidió a Fonseca que fuera a Santiago para apaciguarlo y, mientras, él se quedaba en su lugar en la ciudad hispalense.

Tras apaciguar los aires en Santiago de Compostela, el arzobispo de Sevilla volvió a su ciudad y se encontró con que su sobrino no quería renunciar a la posición que había ocupado momentáneamente. Alonso de Fonseca tuvo incluso que recurrir al Papa, al rey y a matar a algunos partidarios de su sobrino para recuperar ‘su silla’.

Algo curioso de esta expresión es lo que señala José Mª. Iribarren en su libro ‘El porqué de los dichos’: «Dedúcese que el refrán debe decir que la ausencia perjudica, no al que se fue a Sevilla, sino al que se fue de ella».

ARMARSE LA MARIMORENA

¿Alguna vez alguien te ha contado una pelea que ha visto y ha incluido la expresión«se armó la marimorena» para explicar que lo que ahí había ocurrido había sido una pela de especial importancia? Un dicho que se repite mucho y que, en contra de lo que muchos pueden pensar, no tiene nada que ver con el famoso villancico, sino que su origen se remonta al Madrid de los Austrias, en el siglo XVI.

En el ya mencionado libro ‘El porqué de los dichos’ se explica que en esta época había en la ciudad una taberna muy conocida que estaba regentada por un matrimonio: Alonso de Zayas y María Morena, más conocida como Mari Morena o Mari La Morena.

La pareja se hizo ‘famosa’ en 1579 por un proceso judicial que se abrió contra ellostras una pelea en la taberna. Según cuentan, la pareja se negó a servir su mejor vino a un grupo de soldados ya que éste lo tenían reservado para clientes de mayor rango.

Tras esta negativa, se formó una gran pelea en la taberna y, según se sabe por los escritos de entonces, la que ‘repartió más leña’ fue precisamente la mujer, Mari Morena, que ya era conocida por los lugareños como una persona ‘de armas tomar’.

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